domingo, 28 de enero de 2018

JOSÉ LIZANA MARTÍN: LA TRÁGICA HISTORIA DE UN CAMPESINO ANDALUZ


 (Escrito para "El Otro País de Este Mundo")

José Lizana Martín era vecino del pueblo de Trasmulas, anejo al de Pinos Puente (uno de los municipios más extensos de la provincia de Granada). Tenía, al estallar la sublevación fascista contra el legítimo Gobierno del Frente Popular, 39 años.

Trasmulas está situado en pleno corazón de la Vega granadina, pasando el río Genil por la localidad. Un terreno por tanto muy fértil, y que podría considerarse un paraíso, de no haber tenido la desgracia histórica de pertenecer en su totalidad (incluidas casas, molinos, enseres, animales, etc,), y hasta los seres humanos que allí habitaban, a la familia Agrela, grandes potentados y amigos personales del Alfonso XIII, quien los nombró “Condes de Agrela”; el Rey visitó en alguna ocasión el pueblo invitado por sus dueños a cazar. Con tal motivo los Agrela arreglaron el “palacete”, jardines, parterres, arboleda, etc. Instalaciones que con el tiempo dejaron deteriorarse hasta su desaparición. En los años 30 del pasado siglo la población era próxima a los 1000 habitantes.

Como se sabe, las reivindicaciones de los jornaleros no dejaron de expresarse durante el período republicano, y aunque se legislaron mejoras para la vida de este amplio sector de trabajadores y trabajadoras, aumentando los salarios de 3 a 5 pesetas por jornada, o haciendo obligatorio contratar mano de obra en épocas de mayor crisis, según la calificación de los terrenos (secano o regadío), en palabras del Pierre Vilar, “… la reforma agraria no había calado el alma de los campesinos”, al no abordar desde un primer momento el problema de fondo; a saber: la propiedad de la tierra. Los propietarios por su parte pusieron todo tipo de trabas y sabotearon desde el principio, desde las Cortes hasta el último rincón del país, la implementación de las mejoras establecidas por el Gobierno.

Nuestro personaje, campesino de profesión, poseía una yunta de bueyes, lo cual le permitía ganarse la vida con un mínimo de dignidad. Hijo de Ricardo y Antonia, estaba casado con Justa Megías y era padre de 5 hijas y un hijo: Trinidad, Concepción, Práxedes, Antonia, Josefa y José.

Según un informe policial “tenía instrucción, era de color moreno, cabello rubio, nariz regular, barba poblada y no poseía ninguna cicatriz”. No se le conocía adscripción a ninguna organización política aunque era republicano; pertenecía al destacamento de Láchar. La afirmación de que era de color moreno estaría basada en las inclemencias que el trabajo en el campo producen sobre la piel. En realidad sería de piel muy blanca, como lo son en la actualidad sus descendientes.




Trasmulas quedó en “zona nacional”, pero muy próximo a las líneas del frente de batalla que se situaban en un lugar llamado popularmente “El Cruce de la Moralea”. Era por tanto normal que se produjeran enfrentamientos militares, escaramuzas, cuyos ecos llegaban con inmediatez a Trasmulas, alertando a los vecinos y las vecinas sobre posibles familiares muertos o heridos, que podían haber quedado en los campos o en las cunetas.

Uno de esos enfrentamientos ocurridos en el “Cruce”, el 26 de julio de 1936,  fue el inicio de las penalidades y posterior asesinato de nuestro protagonista, José Lizana Martín. Él, junto a otras personas se acercó al lugar al día siguiente para hacer averiguaciones. Sería acusado de “rebelión militar”  y de ser el responsable de haber ocultado armas y municiones para entregarlas con posterioridad “a los marxistas”.  Al día siguiente de este acontecimiento sería detenido en Trasmulas, Manuel Jiménez Sánchez, quien se encontraba entre dicho grupo de personas. Desde su primera declaración afirmó no haber tomado parte en los acontecimientos, acusando a José Lizana Martín de todos los hechos de los que se les acusaban. También acusó a “CIRILO el loco” y al “CAMARERO”, que habían conseguido “huir con los marxistas”.


Procedimiento Judicial Nº 235 de 1936 contra el paisano José Lizana Martín, por el delito de rebelión militar

Sería detenido en su domicilio en Trasmulas, el día 6 de julio de 1936 (la fecha es por supuesto errónea pero es la que aparece en el documento). En sus declaraciones insistirá en que el día de los hechos se encontraba por la mañana en casa y por la tarde había ido a un cortijo cercano ("El Venzaire") para buscar pan para dar de comer a sus hijos. Sometido a juicio sumarísimo; condenado a petición del fiscal a “perpetua condena de muerte”, sería ejecutado en las tapias del Cementerio Municipal de Granada el 26 de septiembre de 1936, a las 05:30 horas, y muerto a consecuencia de “heridas de arma de fuego”; ejercieron como testigos Don Ignacio Joca Ávila y Don Carlos Raya Fantony. Su nombre, junto al de otros miles de hombres y mujeres, aparece en el “Memorial” construido frente a dichas tapias, a iniciativa de la Asociación Granadina para  la Recuperación de la Memoria Histórica.

Se abre el expediente el día 7 de septiembre de 1936, y la incoacción dos días después, ejerciendo de principio a fin como Juez Militar de la Plaza (Granada), Don Manuel Navarro Reina, teniente del cuerpo de ingenieros, siendo el secretario el sargento del Regimiento de Infantería, Don Antonio Varo León.  José Lizana Martín nombró como abogado a Don Juan Ruiz Hórques, alférez de complemento, quien basó su defensa durante todo el proceso en que su defendido no se encontraba ese día en el lugar de los hechos.

La causa está repleta de informes que van de un lugar para otro. Desde Granada la Comisaría de Investigación y Vigilancia, “afirma en el informe que emite sobre la conducta privada y pública de ambos detenidos… que carecen de antecedentes anteriores a su detención…”.

Merece la pena transcribir el informe de la Guardia Civil de Láchar, pues materializa la impunidad con la que se actuaba: “… dichos individuos venían haciendo una vida indeseable y aún cuando no se haya podido comprobar su participación directa en los hechos se hallan (sic) miscuidos en ellos… “

Privado de libertad y encarcelado en la Prisión Provincial de Granada, negaría en las ocasiones en que fue interrogado su relación con los delitos de los que se le acusaba; sólo reconoció haber estado en el lugar de los hechos el día siguiente para comprobar si habían quedado muertos de Trasmulas. El sargento de la Guardia Civil de Láchar, Pedro García Jiménez, declaraba que “… el protagonista tomó parte en el combate luchando contra las fuerzas del Ejército Nacional… “.

El día 19 de septiembre, el otro acusado y delator, Manuel Jiménez Sánchez, salía de la cárcel y sería puesto en libertad.


Juicio Sumarísimo


El 22 de septiembre, el Juez D. Manuel Navarro Reina cierra la causa y el Juicio Sumarísimo se inicia el 24 de septiembre. El Fiscal (cuya firma nos ha resultado ilegible en los documentos pero puede ser Luis de Angulo), plantea en sus conclusiones, entre otras, que, “… del expresado delito es responsable en grado de autor el procesado José Lizana Martín… renuncia el fiscal a la práctica de ulteriores pruebas… y procede imponer al procesado la pena de reclusión perpetua a muerte…”. La “sesión” se convierte en secreta a la hora de dictar sentencia.

El Gobernador Militar de Granada (firma ilegible), ordena “se proceda a su ejecución, la del reo, será el día de mañana, a las 5:30 en las inmediaciones del cementerio…”.

Esa misma madrugada José Lizana Martín escribe una carta a una de sus hermanas, incapaz de hacerle llegar la noticia de modo directo a su esposa. Repite todos los tópicos de este tipo de carta, “no guardéis rencor a nadie ni penséis en venganzas pues lo que me ocurre será lo mejor cuando Dios lo ha permitido”. Escalofriante. A todas luces lo único que está escrito de su puño y letra es la firma, aunque José fuera un hombre instruido, la carta está escrita con una caligrafía y sintaxis perfectas, impropias de un yuntero.

El 2 de octubre el Ayuntamiento de Granada informa al Juez Navarro, “… que en el día de hoy ha sido sepultado en el Cementerio Municipal el cadáver de José Lizana Martín, en la fosa corriente número 188 de la 2ª parcela, del patio de San José”.
  

María Elena: la lucha por la memoria dos generaciones después


Reconstruir la historia de José Lizana Martín y devolverle la dignidad que por tantas décadas le fue usurpada, ha sido posible gracias al empeño y dureza  de diamante que su nieta María Elena Lizana Guevara ha desarrollado durante muchos años, tomando el asunto como prioritario en su vida. Viajó a Asturias para recuperar la última carta que su abuelo escribiera desde la cárcel, rebuscó en archivos, siéndole de gran ayuda para encontrar el expediente completo, la que le brindó la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica. Fue una promesa que ella le hizo a su padre antes de morir: que averiguaría el lugar de la muerte del abuelo y dónde estaba enterrado.

Con el  asesinato de José Lizana Martín no acabarían las penalidades de su familia. Algunas de sus hermanas fueron hostigadas,  perseguidas y vejadas desde el primer momento; huyendo del pueblo las que pudieron hacerlo. Un trasmuleño afincado en Asturias, Enrique González Muñoz,  empleado como ingeniero en una gran empresa, se encargó de recibir a todos sus paisanos y a todas sus paisanas que hasta allí llegaron huyendo del terror y del hambre. Luego llegarían los tiempos de los Planes de Colonización de Franco; otras muchas familias trasmuleñas fueron como nuevos pobladores a Fuensanta y a Peñuelas; luego llegaría la emigración forzada a Madrid, Barcelona, etc.  En 2013, el pueblo contaba, según el Instituto Nacional de Estadística, con 210 habitantes y n/p hab./kilómetro cuadrado.

En la comarca circulaban patrullas de fascistas, falangistas, matones, o como queramos denominarlos, dedicados a sembrar el terror entre las mujeres. Expertos en los “paseillos” de mujeres rapadas, que eran violadas, y devueltas a las pueblos cagándose piernas abajo producto de la ingesta obligada de aceite de ricino. Otras eran llevadas a diario al cuartel de la Guardia Civil de Láchar para realizar “tareas domésticas”, sobran las explicaciones sobre a qué tipo de tareas se referían.

Resulta espeluznante conocer el número de mujeres asesinadas que eran de Trasmulas o de pueblos cercanos. Todas ellas pasaron sus días de prisión en el “Castillo de Láchar”, propiedad del Duque de Galatino (fallecido en julio de 1936, pocos días antes del levantamiento militar fascista de Franco). En el libro Historias desenterradas, de Manuel Izquierdo Rodríguez aparecen los nombres de dos hermanas del vecino pueblo de Cijuela, Carmen y Josefa Guerrero Nieto. Josefa, de 24 años, estaba embarazada de 8 meses. En el trayecto desde el “Castillo” al lugar donde pensaban fusilarlas se puso de parto, seguro debido al miedo y a la inquietud, sería bajada del camión, y arrojada al suelo, dispararon sobre su cuerpo “dos tiros en la barriga  y dos en la cabeza”.

Rescatamos de Trasmulas los nombres de Josefa Muñoz Zaragoza, cuya hija Elena nos relató aún con lágrimas en los ojos, que no conserva ninguna imagen de su madre; ella era muy pequeña cuando la asesinaron y en su casa no había ninguna fotografía porque eran pobres. Más dramático si cabe es el caso de la trasmuleña María Teresa del Arco Morata, fusilada en estado avanzadísimo de gestación.

Se produjeron dos fusilamiento más de dos vecinos de Trasmulas, cuyos nombres no podemos aportar por requerimiento de sus familiares.

¡Nuestro reconocimiento y amor a todos y a todas ellas! Recordar a las víctimas del fascismo  es volverlas a la vida, participar de sus sonrisas, de sus pesares, hacerles una fotografía para que sus rostros estén siempre presentes y nadie vuelva a llorar por no recordar la cara de su madre.

Nuestro agradecimiento a todas las personas de Trasmulas que nos ayudaron a reconstruir este pequeño y dramático fragmento de su historia.

María Elena Lizana Guevara
            C. Morente



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